Vos me dijiste que
te enamoraste de mi como yo era
sin vos.
Y que yo me enamoré de vos como vos eras
sin mí.
Entonces llegó tu pregunta desconcertante:
«Luego de vivir 10 años juntos nos pregunto:
¿por qué no se nos ocurrió pensar, antes, en eso?»
Dudé y tuve que pensar, hasta que entendí la simpleza de la respuesta.
Sonreí para decirte: «Quizás porque nos enamoramos ¿no?»
Sonreíste también, aunque sea una tautología.
Como todo amor, irrefutable.
Esta noche nos espera la misma cama que también cumplió una década,
y ojalá que esta noche sus sábanas estén más calientes.
Porque recordé cómo seguirte amando y espero con ansias para decírtelo,
allí.
(25 de abril de 1991)
