Después de un agitado centenario anti Bioy, plagado de escritores que se la pasaron detestando, desconociendo, retorciendo en sentidos inverosímiles a sus novelas y cuentos en busca de una teoría nueva que puedan poner en algún librito que no servirá ni de anotación a pie de página de su obra, llegó la paz de no tener que escucharlos más.
Después de una semana de escuchar barbaridades que buscaron reducir su figura de autor a la de compañero idiota de un aún más idiota Butthead medio ciego, leo al fin un simple homenaje en palabras de Fresán.
Bioy quizás haya sido un ser humano cuestionable, cruel, cobarde, oligarca, machista, bocón, homofóbico. No sé, quizás dije. Tampoco sé si me interesa saberlo. Porque todo aquello que puso en papel y publicó en vida, todo, es obra propia, personal y de gran maestría. Obra por la que se ganó el derecho a ser uno de los más importantes nombres de nuestras Letras del siglo pasado. Su obra no fue copia, no fue reflejo, fue toda suya. Y si alguna vez la acompañó o la pulió aquel amigo del alma que tuvo, conste también que a su vez ese amigo se Biorgizó incontables veces.Y si les falta memoria sobre esto, hay una gran cantidad de libros que lo prueban.
Hace pocos días, un escritor que no habló en todo el centenario (aunque hubiera debido hacerlo) me dijo: «Sería interesante poder leer toda la obra de Bioy sin relacionarlo con Borges. Sin dudas que en una lectura autónoma ganaría en relevancia». Como él, yo también creo que de ese modo la gran obra de Bioy sería valorada de manera más adecuada. Aunque las peregrinas interpretaciones buscafamas o las quejas vacías de sentido literario por su vida personal, seguirían. En primer lugar porque Bioy cabalgó, luego, el ladrido es inevitable. Y en segundo lugar porque para hablar sólo de Literatura, necesitamos de un Cortázar, de un Bioy, de un Borges. Y ya no están.

